Clase magistral de Perrone en el triunfo de España ante Montenegro
Cinco goles del capitán en un victoria que mete a España directamente en cuartos de final
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La enésima exhibición en su larga carrera de Felipe Perrone, cinco goles y mejor jugador del partido, allanó la victoria de la selección española de waterpolo sobre la de Montenegro en el Mundial (11-8), que la coloca virtualmente en los cuartos de final una vez pase el expediente que supone su tercer encuentro frente a la débil Sudáfrica.
El hispano-brasileño, que ya jugó con su país natal en Fukuoka otro Mundial, el de 2001 cuando tenía 15 años, sigue siendo a los 37 uno de los mejores jugadores universales. Su experiencia le permite leer mejor que nadie las jugadas y resolverlas de la forma mas apropiada con su calidad. Él abrió el marcador en un contraataque y su quinto tanto (10-7), que ya ponía a España fuera del alcance del rival, también vino en otra galopada, la tercera suya, porque además mantiene una condición física envidiable. Un privilegio para la selección tenerlo como capitán.
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Felipe fue quien rompió repetidamente la igualdad de un partido contra un equipo montenegrino sostenido en las paradas de su portero Tesanovic (12) y en la calidad de lanzamiento exterior de sus atacantes. La mayoría de los que entraron eran imparables, pero Edu Lorrio, que ocupó la portería española, hizo un gran partido (8 paradas), jugando como un defensor más en los robos y lanzando con precisión los contragolpes con los que España martirizó (cuatro goles) a su rival.
También contribuyeron al éxito la alta eficacia en las jugadas de hombre de más (cinco goles de ocho) y la aportación ofensiva de hombres habitualmente más reservados en esa faceta. Esta vez no fue imprescindible la hiperactividad goleadora de Álvaro Granados, que apenas lanzó dos o tres veces, marcando el 2-0. Pero volvió a estar muy acertado en defensa recuperando y blocando balones.
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Con estos componentes España logró distanciarse en el marcador tras el descanso largo, al que se llegó con un 5-4. Lo hizo con dos tantos seguidos de Perrone, el contraataque de Alberto Munarriz y la conexión entre Granados y Alex Bustos en una superioridad, que el madrileño palmeó para el 9-6.
El jugador del Sabadell Avenka dió el último aviso de Montenegro al inicio del último cuarto (9-7). Su equipo se la tenía que jugar con lanzamientos rápidos, pero apenas tuvieron éxito ante la buena defensa española. La última perla de Perrone y el gol de Sanahuja, logrado a fuerza de intentarlo, cerraron un triunfo solvente ante otra selección peligrosa, que comprobó, al igual que Serbia, lo difícil que resulta jugar contra la campeona del mundo.
El español remonta para ganar su segundo Grand Slam, retiene el número uno y acaba con la racha de Djokovic, que llevaba 10 años sin perder en la Central.
En el tenis hay victorias que son transformadoras, que traen un cambio de panorama. Es el caso de la que consiguió este domingo en WimbledonCarlos Alcaraz ante Novak Djokovic, el hombre de los 23 títulos de Grand Slam, siete veces campeón del torneo británico, que llevaba diez años sin perder en la Pista Central (45 victorias desde la final contra Andy Murray en 2013) y seis sin caer eliminado (34 triunfos desde la derrota en la Pista 1 contra Tomás Berdych en 2017). Contra esa montaña de 36 años luchaba el español de 20 y la escaló en un partidazo para el recuerdo: 1-6, 7-6 (6), 6-1, 3-6 y 6-4 en 4h42.“El mundo entero está con vosotros”, le decía antes del encuentro un periodista australiano al cronista de AS y al compañero de El País, Alejandro Ciriza. Los aficionados querían un relevo que se esperaba en París y llegó en el lugar más inesperado. Ahora, se escapa a la imaginación lo que puede llegar a conseguir Alcaraz sobre la hierba del All England Club después de vencer a un oponente que no había caído nunca en Wimbledon tras ganar el primer set.
Novak, un gigante que no pudo contener las lágrimas al hablar de que su hijo le estaba viendo en la entrega de trofeos, solo había cedido tres veces su saque en todo el torneo y Alcaraz le hizo cinco quiebres en la última ronda para coronarse por primera vez en el sancta sanctórum del deporte de la raqueta, el lugar donde todo tenista sueña con triunfar y en el que se encumbraron los más grandes: Laver, Emerson, Borg, Connors, McEnroe, Becker, Edberg, Sampras, Federer, Murray, Nadal y el propio Djokovic, entre otros. En cuanto a los españoles, se une a la lista de ganadores que encabeza el citado Nadal y en la que están también Santana, Conchita Martínez y Garbiñe Muguruza. Y es el sexto de la Armada que cosecha más de un Slam, junto con Nadal (22), Santana (4), Arantxa Sánchez Vicario (4), Bruguera (2) y Muguruza (2). De una manera asombrosa, ganó su segundo major, tras el US Open 2022, y eso le permite, además, retener el número uno mundial una semana más (este lunes iniciará la 29ª). Su nombre está ya grabado en el mítico panel verde de los campeones.
El desempeño de Djokovic en el primer fue sencillamente impresionante. Después de 30-40 que tuvo Alcaraz en el juego inicial, el balcánico flotó sobre el tapete de La Catedral. Lo restó todo y salió airoso y con mucha clase de los intercambios largos, aprovechando la potencia de los golpes del murciano par devolverlos sin apenas esfuerzo. Hubo dos o tres puntos maravillosos que cayeron de su lado y para colmo, fue mejor cerca de la red, el punto fuerte de su rival, y las defensas le entraron guindas por un impulso divino. La guinda, solo dos errores no forzados. Fue como si el partido de semifinales de Roland Garros continuara. Otro 6-1, como los dos últimos de aquel día.
A estos niveles, era muy complicado que el partido continuara por los mismos derroteros y se igualó. Alcaraz encontró su ritmo, Djokovic no metió muchos primeros servicios y estuvo más flojo con la derecha. Charly le había buscado demasiado el revés, su mejor impacto, y eso cambió también. Fue el primero en adelantarse en el segundo parcial, aunque su break lo contestó de inmediato Nole, después de pedir apoyo al público tras un rally eterno. Las cosas le empezaron a salir mejor al español, coincidiendo con algunas rachas de sol, por fin. De tal manera que hasta su oponente aplaudió una de sus exquisiteces. El tenis de ambos alcanzó cotas espectaculares, con Djokovic tirándose al suelo para devolver una bola y ganando más tarde un tanto de locos, y Alcaraz luchando primero contra el desaliento y el enfado, y después sacando muy bien y yéndose con valentía hacia arriba. Es esas se llegó al desempate que inició con un 3-0 el serbio. Luego se enredó con una mala dejada y otra de Carlitos, en este caso maravillosa, le dio la primera ventaja antes de que su oponente se llevara un aviso por demorar un servicio. Sin miedo, Alcaraz presionó, levantó un punto de set y lo ganó con un resto directo contra un segundo saque.
Momento de cambio
Con la mano tras el oído (les suena) escuchó los gritos enardecidos del público y fue a por todas en la tercera manga. La abrió con un quiebre, crecido por la energía que le llegaba desde las gradas y que él fomentaba. El desgaste del segundo set empezó a pasarle factura a Djokovic, que hacía estiramientos con la pierna izquierda, en la que llevaba un tape a la altura del muslo. Y tras un 15-40 que levantó Alcaraz, vino un juego de 26 minutos con siete oportunidades de break para él y que finalmente cayó de su lado. Era lo que le faltaba a Novak, que en otros seis minutos entregó el parcial con signos de abatimiento. En una final de Grand Slam solo le habían endosado un 6-1 Federer y Nadal.
Después se marchó al vestuario (ni cotizaba que lo haría) y fue recibido a su vuelta con algunos abucheos. La situación para él era similar a la que vivió en la final del Open de Australia 2020, cuando le remontó un 2-1 a Dominic Thiem después de ganar el primer set. Pero en aquella ocasión la diferencia de edad era menor (seis). Los 16 años de más parecían pesarle como una losa a Djokovic ante un chaval pletórico y libre de tensión, cada vez más seguro y determinado, pegándole a la bola como un animal. No se pierden su derechazo en para el 30-15 en el cuarto juego del último set. Iba lanzado hacia la hazaña. Sin embargo, de la grandeza de un fuera de serie siempre puede esperarse una última vuelta de tuerca, y Nole la dio. Encontró un resquicio en el rocoso juego de su contrincante, un momento de debilidad, y lo aprovechó para forzar el quinto sets con dos roturas.
El inicio del último acto fue glorioso. Los dos titanes lo dieron todo, defendieron con uñas y dientes su posición. Sin reservas, con todo lo que tenían ante un público eufórico. Golpeó primero en esta traca final Alcaraz, para ponerse con un 3-1 muy esperanzador. La situación irritó tanto a Djokovic que golpeó con la raqueta uno de los postes de la red y se hizo daño en la muñeca. Nada serio, pos suerte. Poco antes había tirado por la borda una bola de set por un mal remate, el golpe que peor ha ejecutado durante su carrera. Hasta el final, Carlitos aguantó con aplomo los nervios tremendos que debía estar pasando en su último saque. El primer punto lo perdió al errar una dejada, el segundo lo ganó con un globo. Después acertó con una volea de revés, antes de que Novak le superara con una derecha paralela. Y un saque potente y preciso le dio la opción de ganar el partido. No la desaprovechó, lo cerró con un misil de drive para dar un paso de gigante en la que puede ser una trayectoria legendaria, y quien sabe si también decisivo en la historia del tenis.
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